El aprendizaje basado en simulaciones es una metodología de formación que recrea situaciones similares a las que una persona puede encontrar en su trabajo para que pueda practicar cómo actuar, decidir o resolver problemas antes de enfrentarse a esas situaciones en un entorno real.
A diferencia de una formación basada únicamente en contenidos, la simulación coloca al participante frente a un problema y le pide hacer algo con lo que sabe.
Puede implicar analizar información, responder a un cliente, tomar una decisión, resolver un conflicto, identificar un riesgo o evaluar una recomendación.
La simulación permite convertir el aprendizaje en práctica.
Un proceso de aprendizaje basado en simulaciones puede desarrollarse en cinco pasos:
La organización identifica situaciones que tienen importancia para el desempeño del rol.
El participante recibe información y contexto suficiente para comprender el problema.
La persona debe responder utilizando sus conocimientos y capacidades.
El sistema o facilitador analiza la respuesta y explica qué funcionó, qué podría mejorarse y qué elementos debieron considerarse.
La posibilidad de repetir la situación permite aprender del error y mejorar la respuesta.
Porque saber algo no significa necesariamente saber aplicarlo.
Una persona puede completar un curso sobre servicio al cliente y aun así no saber qué hacer frente a un cliente molesto. Puede conocer una política de seguridad y no identificar correctamente un riesgo en una situación concreta.
Las simulaciones permiten cerrar esa brecha entre conocer y actuar.
También permiten practicar situaciones que pueden ser poco frecuentes, complejas o de alto impacto sin esperar a que ocurran realmente.
El aprendizaje basado en simulaciones puede utilizarse para desarrollar:
Las simulaciones adquieren especial relevancia cuando la inteligencia artificial automatiza tareas que tradicionalmente ayudaban a los profesionales junior a adquirir experiencia.
Si una persona ya no necesita pasar meses haciendo manualmente determinadas tareas para empezar a enfrentarse a problemas complejos, la organización puede diseñar experiencias que permitan practicar antes de asumir esas responsabilidades.
Esto no significa eliminar la experiencia laboral. Significa complementar con más oportunidades deliberadas de práctica.
Un curso tradicional puede explicar qué debe hacer una persona.
Una simulación le pide que demuestre cómo actuaría.
Por ejemplo:
La primera desarrolla conocimiento. La segunda permite observar cómo ese conocimiento se utiliza en contexto.
Una simulación útil debería estar relacionada con situaciones que realmente importan para el desempeño.
Es recomendable:
La simulación no debería convertirse en un juego aislado. Debe responder a una necesidad concreta del negocio o del desempeño.
Algunas métricas útiles son:
Esto permite pasar de medir únicamente la finalización de cursos a observar cómo las personas responden ante situaciones relacionadas con su trabajo.
La inteligencia artificial permite ampliar las posibilidades de las simulaciones al generar diferentes escenarios, adaptar situaciones al contexto y proporcionar retroalimentación sobre las respuestas del participante.
También puede utilizarse para crear prácticas relacionadas con situaciones que cambian según el rol, nivel de experiencia o tipo de problema.
La tecnología, sin embargo, no sustituye el diseño pedagógico. La organización debe definir qué capacidades quiere desarrollar y qué situaciones realmente representan el trabajo.
El Entrenador IA de Zalvadora permite crear espacios de práctica donde los equipos pueden enfrentarse a situaciones relacionadas con su trabajo, tomar decisiones, explorar alternativas y recibir retroalimentación.
Así, la IA no se utiliza únicamente para entregar contenido: también puede convertirse en un entorno para practicar antes de llegar al escenario real.